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La sociedad civil se movilizó para rescatar a los posibles sobrevivientes que se encontraban bajo los escombros.

La sociedad civil se movilizó para rescatar a los posibles sobrevivientes que se encontraban bajo los escombros.


Transcurrían las 7:19 horas del 19 de septiembre de 1985 cuando millones de mexicanos fueron sorprendidos por un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter, con epicentro frente a las costas de Michoacán.

A pesar de la magnitud del desastre, que afectó principalmente al Distrito Federal, las autoridades mexicanas, encabezadas por el entonces presidente Miguel de la Madrid, estimaron que cerca de 10 mil personas perdieron la vida, sin embargo, cálculos extraoficiales aseguran que la cifra ascendió a los 40 mil fallecidos.

Las huellas de la destrucción eran inminentes y se apreciaban en varios sectores de la ciudad.

Las huellas de la destrucción eran inminentes y se apreciaban en varios sectores de la ciudad.


Hoy, a 26 años del suceso, miles de sobrevivientes lo recuerdan con tristeza y fe al sentirse afortunados de haber salido airosos, tal y como sucedió con el diseñador Carlos Marchena, quien con 18 años, permaneció bajo los escombros durante un día y medio después de que el edificio de la escuela técnica en donde estudiaba, localizado al centro de la Ciudad de México, se viniera abajo, dando así inicio a su lucha por la sobrevivencia:

“Volteé al extremo izquierdo del salón y vi como empezó a caer tierra y a vencerse el falso plafón. Segundos después fue la oscuridad total”, relata Marchena, quien aquel día cumplía su primer mes de clases en la carrera de informática.

Tras la caída del edificio, Carlos relató que permaneció consciente a lo largo de 11 horas, después de ahí todo fue confusión. No tenía noción del tiempo, comenzaba a delirar, no distinguía qué era sueño y qué era realidad, hasta que de pronto un grupo de rescatistas dio con él y lo sacaron de los escombros, trasladándolo de inmediato al hospital en donde permanecería internado 43 días.

Durante su complicada estancia en la clínica, Carlos recuerda cómo sus vecinos de cuarto perdían la batalla por vivir, se enteraba que sólo cinco compañeros de clases lograron salir con vida de los escombros y aún con nostalgia recuerda el momento en que los médicos le informaron que deberían apuntarle la pierna derecha y el brazo izquierdo. En ese instante, su forma de ver la vida cambió radicalmente.

“Me sentía mucho y el más guapo de todos y qué pasa, pasa que se te cae encima un edificio y al día siguiente estás inválido y muriéndote. Ahí te das cuenta que eres un simple ser humano”, relata Marchena mientras fuma su tercer cigarrillo.

Cuando parecía que su vida nunca volvería a ser la misma, su hermana, quien también era médico,  intercedió por él y pidió que no se le realizara ninguna operación. En diciembre volvió a caminar con la ayuda de una férula y un bastón, y meses más tarde lo haría por su propio pie.

Varios lugares de la Ciudad de México se redujeron a escombros.

Varios lugares de la Ciudad de México se redujeron a escombros.


“Poco a poco me fui reintegrando a mi vida y dejé de decir ‘es que yo antes del temblor hacía esto y aquello’. Ha sido un proceso largo, pero afortunadamente me ayudó a formarme como individuo. Soy productivo y estoy vivo”, relató Carlos, quien tiene una forma muy peculiar de describir lo que se vivió aquella triste mañana:

“El ambiente físico allá abajo no es nada agradable porque comienza a hacer mucho calor, respiras todo el tiempo polvo, sientes que te asfixias, temor y angustia de muerte, estás en una situación límite, yo decía: ‘Ya valí, ya hasta aquí llegué’. Cuando me enteré del número de muertos me fui para atrás, no podría creer que hubiera logrado salir”, concluyó.

Así como la historia de Carlos, hay miles de niños y adolescentes que tuvieron la mala fortuna de vivir en los años del terremoto, tal y como sucedió con Juan Hill, de entonces 7 años, y Salvador, de 15, quienes vivieron la tragedia en las calles de la Colonia Roma y de la Colonia Peralvillo, respectivamente.

No existe un número oficial de víctimas fatales, pero se estima en más de 10,000.

No existe un número oficial de víctimas fatales, pero se estima en más de 10,000.


Ambos relatos son similares y tienen su grado de dramatismo, tal y como no los dejó ver Juan, quien en ese entonces estudiaba el tercer año de primaria y radicaba en la Calle Orizaba, arteria que resultó dañada por el sismo:

“A dos edificios de distancia de mi casa se cayeron muros, incluso a unos vecinos les pasó que su departamento se llenó de escombro y les cayó un bebé muerto. Varios edificios se cayeron y mi escuela resultó muy afectada”.

A pesar del dramatismo que se vivía en la ciudad, Juan y varios amigos de la colonia aprovecharon la situación para seguir jugando y tratar la vida como si nada hubiera pasado:

“Todo los edificios abandonados se volvieron zonas de juego. Yo me acuerdo que a pesar de que los edificios se estaban cayendo, jugábamos a ver quién llegaba más lejos por la escalera de los multifamiliares”, relató, a la par de recordar que tras el desastre se desató una ola de inseguridad sin precedente.

“Estalló la delincuencia. A mis hermanas las asaltaban en las esquinas. Se volvió muy difícil. Como niño me cambió la rutina”, concluyó Juan, quien afirmó que en los primeros días el único olor que se percibía era el del gas, pero posteriormente comenzó a imperar el olor a cuerpos en descomposición.

En los primeros días el único olor que se percibía era el del gas y después, el de los cuerpos en descomposición.

En los primeros días el único olor que se percibía era el del gas y después, el de los cuerpos en descomposición.


Al igual que Juan, Salvador reconoce que la delincuencia fue de las cosas más tristes que dejó el temblor:

“Hicieron unidades donde reubicaron a mucha gente. Todo cambió para mal, el sitio ahora es más inseguro, más feo y complicado para vivir. Ahora me da miedo pasar por ahí, ya no me gusta, no es un lugar donde me sienta seguro”, señala Salvador, quien le tocó ver cómo se vino abajo el edificio Nuevo León, perteneciente al Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco:

“Dos de los bloques del edificio se vinieron hacia Reforma. Nunca había visto algo así”, relató el entrevistado, quien recuerda que iba con su hermana rumbo a la Secundaria 200 cuando comenzó a sentir que la tierra se movía:

“Nos dimos cuenta que era un temblor. Es una zona donde los temblores se sienten muy fuertes. A lo lejos, en la Calle Rayón, alcanzamos a ver cómo se levantaba una nube de polvo y una escuela se veía reducida a los escombros”.

Tras el desastre, al igual que Juan, Salvador tomó clases en aulas provisionales, las cuales contaban con lo elemental para llevar a buen puerto el regreso a clases, aunque las condiciones no fueran las mejores:

“Nos habilitaron aulas muy chistosas, tipo iglú y estaban hechas de cartón. Hacía mucho calor ahí adentro, ya que el lugar era muy reducido para tal cantidad de alumnos”, relata Salvador, quien reconoce que aquella experiencia le cambió la vida a todo un país:

“El temblor le cambió la vida a muchas personas. En la actualidad hay gente que todavía vive en condiciones de extrema pobreza y sin higiene. Es  feo y difícil ver que todavía hay gente que radica en los campamentos que fueron habilitados hace 26 años. En mi caso, debo agradecer que sigo con vida, pero la impresión vivida fue muy fuerte”, concluyó.

Quienes resultaron damnificados, improvisaron precarias viviendas.

Quienes resultaron damnificados, improvisaron precarias viviendas.


El desastre en números y datos

-Cerca de 300 personas perdieron la vida tras la caída de las unidades de ginecología y la residencia del Hospital General de México

-Se vinieron abajo el edificio Nuevo León, en Tlatelolco; los edificios A1, B2 y C3 del Multifamiliar Juárez; Televicentro, los Televiteatros, los Hoteles Regis, D’ Carlo y del Prado, además de varias fábricas de costura en San Antonio Abad.

-También sufrieron diversas afectaciones los Hospitales Juárez, General y el Centro Médico Nacional, mientras que la Torre Latinoamericana, el edificio más alto de la época, no sufrió  mayores daños.

-En total, se cayeron cerca de 30 mil viviendas, mientras que cerca de 68 mil sufrieron daños parciales.

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