¡Las vías de la vida! Familias llevan 30 años viviendo en trenes abandonados
28 de Agosto del 2012POR A. SANTIAGO Y D. BELTRÁN FOTOS: SAÚL NAVARRO
Don Antonio García Lázaro y cerca de 50 familias adoptaron los vagones como sus hogares.
Don Antonio García Lázaro
Sobre las vías del tren, enterradas por el tiempo y donde corrieran cientos de ferrocarriles con dirección a varios rincones de México, vive una comunidad abandonada conocida como Patio Tlatilco, al norte del DF. La integran más de 50 familias que duermen, comen y envejecen en vagones que antes fueron utilizados como viviendas móviles para los trabajadores que reparaban las vías dañadas. Don Antonio García Lázaro, de 64 años, y oriundo de Veracruz, es uno de ellos. Al igual que su papá, trabajo durante 25 años en las cuadrillas de reparación de vías para Ferrocarriles Nacionales de México, y desde hace 30 vive ahí, junto con su esposa, María Paula Delgadillo, sus hijos y nietos. Es un hombre serio y humilde, quien nos recibió con mucho agrado.
Cuéntenos acerca de la historia de este lugar...
“Desde el siglo pasado el tren recorría gran parte del país, y los trabajadores que arreglaban los vagones descompuestos andaban, en su mayoría, acompañados de sus familias; se quedaban varios meses en un mismo lugar, ocupando los vagones que en temporadas de calor se convierten en hornos, debido a que están hechos de metal, y en época de lluvia se llenan de goteras. Nosotros vivimos aquí desde 1972, pues al igual que mis compañeros, yo era empleado de Ferrocarriles. Necesitábamos estar cerca de las vías que teníamos que reparar, y así fue como llegamos al DF hace más de 30 años. Después de muchas décadas de servicio, los vagones se encontraban en mal estado para seguir viajando, así que se quedaron aquí y algunos de nosotros con ellos”.
Don Antonio García Lázaro
-¿Los vagones se los asignaron como casas?
“Sí, pero cuando nos los dieron para que viviéramos en ellos, ya venían muy trabajados de transportar materiales pesados. Estaban vacíos, además de que tenían muchos defectos por el uso, tanto por dentro como por fuera. Para habitarlos, primero tuvimos que empezar por repararlos, pintarlos y adaptarlos a nuestras necesidades”.
Don Antonio García Lázaro
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