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Aunque es un proceso natural e inevitable, la muerte ha representado dolor y tristeza para el ser humano, porque significa perder a un ser querido, y no volver a verlo jamás. Sin embargo, hay gente que debe sobreponerse y aprender a convivir con ese dolor tan grande, y hace de la muerte su modo de vida.

Así, encontramos a la señora Sara Franco, de 64 años (con cuatro hijos), quien además de pertenecer a una de las familias más reconocidas en el arte de embalsamar cuerpos, es la primera mujer que desempeñó este oficio en México.
Lupita ha sentido extrañas presencias

Lupita ha sentido extrañas presencias



Doña Sara empezó a embalsamar en 1969, mientras acompañaba a su padre, quien fue quien le enseñó este noble oficio.

Por sus manos han pasado más de 10 mil cadáveres durante cerca de 40 años de trabajo, y por sus ojos miles de escenas dolorosas que ha contemplado con respeto y que también han templado su carácter. Por otra parte, nos confiesa que aún llora en algunos casos que la conmueven.

-¿Recuerda casos que le hayan impactado?
“Varios. Hace poco trajeron a un joven que iba en su motocicleta y chocó en la parte trasera de un coche; no sé cómo estuvo, pero la cabeza se le había desprendido del cuerpo. Un día también trajeron otro decapitado. Estos cuerpos cuestan mucho trabajo, porque los cosemos y quedan con la cabeza en su lugar, pero ésta se va hacia los lados, pues sólo cosemos la piel, entonces los músculos y la columna, que la sostienen, ya no lo hacen; por eso cuesta más trabajo.
Doña Sara aprendió de su padre el oficio de embalsamar

Doña Sara aprendió de su padre el oficio de embalsamar


-¿Usted habla con los cuerpos que prepara?
“Sí platico con ellos. Cuando van llegando siempre les rezamos un Padre nuestro y le pedimos a Dios que les dé el descanso eterno".

Pero doña Sara nos contó una de las extrañas cosas que le suelen pasar: "no le encontramos explicación: hay veces en que el cuerpo es de una persona delgada y pesa mucho, por lo que tenemos que moverlo entre dos; también como que se engarrotan y no podemos vestirlos, entonces les pedimos que por favor se dejen vestir, porque su familia los está esperando, que ya los quieren ver; ahí viene la magia, enseguida como que el cuerpo se afloja y pierde peso, entonces ya podemos manipularlos sin ningún problema”.

-¿Usted ha embalsamado a algún familiar?
“Sí ha habido oportunidad, pero no he podido. A mí se me murió un hijo en 1980, tenía 10 añitos, se llamaba Ezequiel, pero no pude embalsamarlo, me causaba una impresión muy fuerte y no lo resistí. Por aquel tiempo que falleció mi niño, arreglé el cuerpo de un bebé que sólo vivió una semana, su mamá quiso entrar conmigo en la sala para vestirlo ella, la dejé pasar y a la hora que se lo pedía para ponerlo en su caja, no quiso dármelo y me dijo que si le permitía subirlo a la capilla cargándolo, como si estuviera dormido. Ya en la capilla, tuvo por un rato en brazos al bebito, lo arrullaba y le tarareaba canciones de cuna, después se despidió de él y lo puso en su caja. No soy ajena al dolor, aún me conmueven hasta el llanto esas cosas”.

Hoy lleva dos años transmitiendo su legado a su única hija mujer y a una de sus nueras, quienes aprenden todos los secretos de Sarita. Atenta, amable y con la mirada tranquila de quien ha visto de todo.

Por sus manos han pasado más de 10 mil cadáveres durante cerca de 40 años de trabajo.

Por sus manos han pasado más de 10 mil cadáveres durante cerca de 40 años de trabajo.



Terminaba un cuerpo y sentí una energía rara".
Por su parte, la nuera de doña Sara, Lupita, nos contó que la han espantado: “terminaba un cuerpo y sentí una energía rara… soy muy miedosa y me salí, pero sentía que la energía venía detrás de mí, subí a la casa y me senté en una silla, mi esposo me vio y empecé a llorar; antes de decirle algo, sintió lo mismo y me pidió que me calmara. Sacamos La Biblia y empezamos a rezar. En eso llegó mi cuñada Lupita y al entrar sintió de inmediato lo mismo, por lo que empezamos a correrla con groserías; sólo así se fue y nos dejó en paz. Hace poco trajimos un sacerdote para que echara agua bendita en todo el negocio y la casa; gracias a Dios, ya no ha pasado nada”.

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