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Mago Leo lleva 35 trabajando en el Metro y así le pagó la Universidad a 3 hijos

10 de Agosto del 2017 por Adriana Góchez / Foto: Enrique Ordóñez

Con los 2 mil pesos que puede llegar a ganar al día, solventó los gastos de la carrera de 3 de sus 5 hijos.


Se abren las puertas de un vagón de la Línea 7 del Metro, entra el Mago Leo, prende su bocina, saca una lata de refresco de una bolsa negra y comienza su show, donde se concentra y hace levitar el envase. 

Al final todos le aplauden al ilusionista, de 72 años, quien se adjudica ser el pionero en llevar este arte al Metro y ser maestro de 20 magos. Siempre vistiendo un traje negro desgastado, una camisa blanca, un moño en el cuello y unas sandalias, aseguró a TVNotas que él no es un mago común y corriente.


-¿Cómo llegó a vagonear al Metro?

“Antes trabajaba en una compañía de autos, ahí estuve 20 años y laboraba tres turnos; controlaba las entradas y salidas de la producción, y hacía cierres de contabilidad cada mes. Cuando me liquidaron, me molesté y pensé: ‘¡pero si di todo por la compañía!’; pero me llené de coraje, de valentía, y así fue como decidí ponerme a cantar en el Metro”.

-¿Recuerda su primer día trabajando?

“Llegué el mismo día que me liquidaron, traía una grabadora, elegí la canción ‘Ave negra’ de El Pirulí y cuando terminé, me llenaron de aplausos, me dieron dinero y dije: ‘¡wow!, aquí está el pan, esta vaca no la suelto”.


-¿Quién le enseñó a hacer trucos de magia?

“Desde los 6 años cantaba, era mago, todo lo que soy ahorita. Me crie en la calle y un chico de ahí me enseñó los primeros trucos, se me quedaron en la mente y actualmente los hago; ya después empecé a inventar otros”.

-¿Qué lo hace diferente de otros magos?

“Hago trucos que nadie tiene porque yo los invento, soy creativo. No quise ser un mago común y corriente, sino uno con un traje y moño para distinguirme de los demás vendedores y cantantes. Uso un traje modesto, pero limpio. En el Metro, algunos nos llaman mugrosos, pero en varios de nosotros hay valores importantes, gente noble, no todo es mugre; hay mucha calidad humana que muchos ricos quisieran”.


-¿Su familia lo apoya?

“Me casé tres veces, pero mis primeras dos esposas no veían bien que hiciera esto y terminé separándome, no estaban preparadas para tener un marido que tuviera agallas para darle de comer a su familia, maquillado de payaso. Mucha gente me dice: ‘me avergüenzo de ti, no te quiero en mi vida, eres un limosnero’, pero nadie me ha dado tanto como mi Metro y mi público”.


-Veo que tiene bastante condición…

“De lunes a viernes llego a las 11 de la mañana y estoy hasta las 5 de la tarde porque más temprano, de 5 a las 11 a.m., el Metro va muy lleno. Regreso a las 8 de la noche y me voy a las 11. En fines de semana estoy todo el día. Diario subo y bajo como 100 escaleras, ya estoy acostumbrado a este ritmo y a cargar mi bocina, aunque esté pesada”.


-¿Hasta cuándo le gustaría trabajar ahí?

“No quiero quedarme aquí para siempre, deseo hacer magia a otro nivel, morir en mi trabajo y nunca dejarlo”, finalizó.

 

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