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La Reflexión Destacada

Sol

Sonrie al sol

Anónimo.
19 de Febrero del 2013
El sol te recibe con la mejor de sus sonrisas, tienes el resto del día para corresponderle.

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  • Mahatma Gandhi (pensador hindú)

    13 de Octubre del 2011

    Convivir sabiamente

    Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa. No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores. Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible. Puesto que soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permite ponerles remedio. No hay camino para la paz, la paz es el camino. La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros, ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores. Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego. Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo. No debemos perder la fe en la humanidad, que es como el océano. no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias. Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.

  • Martin Luther King (pastor y activista norteamericano; 1929-1968).

    11 de Octubre del 2011

    Tengo un sueño

    Tengo un sueño, un solo sueño: seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera que soñarlas. Soñar a mis hijos, grandes, sanos, felices, volando con sus alas, sin olvidar nunca el nido. Soñar con el amor, con amar y ser amado, dando todo sin medirlo; recibiendo todo sin pedirlo. Soñar con la paz en el mundo, en mi país... en mí mismo, y quién sabe cuál es más difícil de alcanzar. Soñar que mis cabellos que ralean y se blanquean no impidan que mi mente y mi corazón sigan jóvenes, y se animen a la aventura, sigan niños y conserven la capacidad de jugar. Soñar que tendré la fuerza, la voluntad y el coraje para ayudar a concretar mis sueños en lugar de pedir por milagros que no merecería. Soñar que cuando llegue al final podré decir que viví soñando, y que mi vida fue un sueño soñado en una larga y plácida noche de la eternidad.

  • José Arias Ynche, poeta peruano

    10 de Octubre del 2011

    No esperes

    Cenábamos en un pequeño bar de la ciudad. Éramos seis personas que no nos conocíamos. Cenábamos cada uno en una mesa distinta. Ninguno sonreía. Uno leía el periñodico mientras cenaba. Otro habló largo rato por teléfono, en voz baja. Cruzábamos de vez en cuando la mirada, pero no eran ojos de amigos. Comíamos muy cerca unos de otrso, pero estábamos escolofriantemente lejanos ¡Por qué, Señor? Todos comimos rápidamente y nos fuimos marchando, dejando en el aire, casi por compromiso, con desgano, un "buenas noches". Nos fuimos perdiendo los seis en la oscuridad de la ciudad, cada uno en busca de su problema, de su esperanza, de su trabajo... ¿porqué, Señor, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo? ¡Porqué es tan difícil que los hombres nos encontremos y nos abracemos, si estamos en paz y no en la guerra? Habría bastado que a la puerta del bar hubiera estallado una bomba, para habernos sentido de repente, amigos y solidarios. ¿Porqué debe unir más el dolor que la esperanza? Si uno de los seis se hubiera puesto enfermo en aquel momento, allí, a nuestro lado, seguramente se hubieran juntado nuestras vidas: habríamos tocado el umbral de su intimidad. Pero ninguno necesitaba del otro: todos comimos y pagamos... ninguno supo quién era su vecino. ¿Porqué, Señor, es fácil hacerse amigos en las trincheras de la guerra o en las salas de hospital, y es difícil cuando corre la paz por nuestras calles, cuando podemos gozar del sol y tomar sin prisa cualquier cosa en cualquier bar? Señor, permítenos que por lo de ser hombres. Que no esperemos para ello a que estalle la guerra o nos atenace el dolor. Que la amistad no sea sólo un fruto de invierno.

  • Anthony de Mello, (sacerdote jesuita, nacido en India)

    6 de Octubre del 2011

    El poder del afecto

    Durante años fui neurótico. Era un ser angustiado, deprimido y egoísta; todo el mundo insistía en decirme que cambiará y no dejaba de recordarme lo neurótico que era. Y me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos; deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara. Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba, y también insistía en la necesidad de que yo cambiara. Asimismo estaba de acuerdo con él y no podía sentirme ofendido con sus palabras. De manera que me sentía impotente y, de, alguna manera, como atrapado. Pero un día me dijo: "no cambies, sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar; yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte". Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: "no cambies, no cambies, no cambies... Te quiero". Entonces me tranquilicé, me sentí vivio... Y, ¡Oh maravilla!, cambié. Ahora sé que en verdad no podía cambiar hasta encontrar a alguien que me quisiera, prescindiendo de que me cambiara o dejara de hacerlo.

  • José Manuel Carranza Aguilar

    5 de Octubre del 2011

    A mi padre

    ¡Papá quiero decirte que te quiero! Aunque en el fondo tengo temor de decirte que ya no te quiero. Papá quiero decirte que tengo mucho miedo y no hallo la forma de decirte que… Tú eres la principal causa de mis miedos. Cómo decirte que en vez de aprender a quererte más, aprendo la crudeza de la vida a mi corta edad, por el temor que me infundes cuando tu mismo me maltratas. Duele mucho madurar a base de insultos y regaños. Cómo decirte que no atino a descubrir qué es lo que me causan más dolor; entre el escozor de tu cinturón en mi pequeña espalda, o el ardiente fuego de tu mirada rencorosa, que me hiere tan dentro de mi inocente confusión de niño, cuando me gritas irritado. Cómo decirte que cuando me pegas, quisiera gritar con todas mis fuerzas, que soy el mismo pequeño que ayer acunabas tiernamente entre tus brazos y agradeciste al cielo mis primeros pasos. Cómo decirte que cuando me gritas por haber roto un vaso, me aturde la idea de creer que mi propio padre quiera herirme y hacerme daño, sintiéndome indefenso ante tu fuerza y tu explosivo enojo, viendo cómo, ni mis lágrimas pueden conmoverte. Cómo decirte que cuando me llamas “tonto e inútil” yo y mi subconsciente te lo creen y en la escuela las sumas, las restas y las multiplicaciones se me vuelven más complicadas. Cómo gritarte que no soy tonto. Que con tu cariño y comprensión me sería más fácil asimilar las matemáticas. Cómo suplicarte que me creas inteligente, sin someterme a la odiosa comparación con mis hermanos. Porque genuino y noble es también mi esfuerzo por complacerte con buenas calificaciones. Cómo decirte que la torpeza de mis pequeñas manos, a veces no las puedo controlar porque estoy creciendo y me cuesta trabajo imaginar que creas que es por maldad, que derramo la leche sobre la mesa, que rompo los pantalones de las rodillas por malicia, o me ensucie la ropa solo por querer darle más trabajo a mi pobre madre, a quien también aterrorizas. Cómo quisiera decirte que un día tu también has sido niño y se te ha olvidado ya, que tu infancia es lo que recuerdas con mas cariño y con gusto darías una fortuna, tan solo por volver a verte niño, un solo día. Cómo decirte que llevo un 'angelito saltarín' dentro de mí que me impulsa a brincar, saltar camas, correr y casi volar, porque la vitalidad de mi infancia me lo exige. Y no, como me dices tú, que tengo dentro un demonio, que destruye todo lo que está al alcance de mis manos. Cómo poder decirte que cuando lloro asustado y temeroso, no puedo dejar de hacerlo si tu me gritas más y me golpeas con tu mirada furiosa y me apabullas con insultos. Cómo poder decirte que a veces la sopa en mi garganta se niega a ser engullida, que me provoca nausea la verdura hervida, y la carne poco cocida, sobre todo después de probar deliciosas golosinas y frituras que le ganaron el espacio a mi estómago, al salir de la escuela, regreso a casa. Cómo poder decirte que cuando hago travesuras y destrozo muebles y ventanas, los daños siempre serán muy pequeños, si los comparas con el inmenso dolor de tu corazón, si me vieras inmóvil con un hueso roto o convulsionando con fiebre, en mitad de una fría cama de hospital. Cómo quisiera poder recordarte que cuando aquella enfermera intentaba inyectarme, entre mis llantos de dolor, se te formó un nudo en la garganta, deseando recibir en lugar mío, aquel piquete con tal de que yo no sufriera y me curase rápido. Cómo recordarte cuando estás a punto de golpearme, que soy ese mismo pequeño por el que serías capaz de matar, si sorprendieras a algún delincuente haciéndome daño o abusando de mi inocencia, la misma que tu destruyes siendo autoritario y cruel. Cómo decirte que cada vez que tu mano se alza para darme una bofetada o una paliza, contradices el hecho cierto, de que con gusto darías tu vida por la mía, si fuera preciso para no verme inválido o gravemente enfermo. Cómo decirte que el otro día vi el llanto desgarrador de una mujer, sobre el cuerpo inerte de un niño atropellado y su angustia me hizo temblar de pies a cabeza y no dudé… de que tú, mi propio padre, llorarías lágrimas de sangre, si me vieras sin vida e inerte… y entonces… tal vez… desearías haberme dado muchos más besos que maltratos. Ya lo vez papá, después de todo, escucha desde el fondo de mi angustia y confusión el enorme grito desesperado de tu hijo, que teme dejar de quererte y que aún añora, la cálida seguridad de sentirme feliz entre tus brazos.

  • Amado Nervo (escritor mexicano 1870-1919)

    4 de Octubre del 2011

    En paz

    Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino. Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales coseché siempre rosas. Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas noches de mis penas; mas no me prometiste tan sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé y fui amado, el sol acarició mi faz ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

  • Paulo Coelho (escritor brasileño)

    30 de Septiembre del 2011

    Ese niño

    A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar. Percibimos que el instante mágico de aquél día pasó y que nada hicimos. Entonces la vida esconde su magia y su arte. Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día y que aún existe en nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz. Ese niño que fuimos un día contunúa presente. Bienaventurados los pequeños, porque de ellos será el Reino de los Cielos. Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con inocencia y el entusiasmo de la infancia, no tiene sentido seguir viviendo. Existen muchas maneras de suicidarse. Los que tratan de matar al cuerpo ofenden la ley de Dios. Los que tratan de matar al alma también ofenden a la ley de Dios, aunque su crimen sea menos visible a los ojos del hombre. Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por causa de él. No dejemos que sufra de meido porque está solo y casi nunca se le escucha. Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente a otro. Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una manera a la que no estamos acostumbrados, auqnue parezca estupidez a los ojos de los demás. Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar. Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida...

  • Raymond B. Fosdick (escritor norteamericano; 1883-1972

    29 de Septiembre del 2011

    Quien no se atreva nunca a arriesgarse vivirá siempre al abrigo de la mediocridad

    La única vida digna de vivirse es la intrépida.. La característica dominante de este tipo de vida es que no tiene miedo. En primer lugar, no tiene miedo de lo que la gente piense. Como Colón, se atreve no sólo a afirmar una creencia, sino a vivirla a despecho de la opinión contraria. No adapta su paso o intentos al paso o ntentos de sus vecinos. No tiene miedo de soñar sueños que no tienen sentido práctico. Piensa en sus propios pensamientos, lee sus propios libros, desarrolla sus propias preferencias y es gobernada por su propia conciencia. El ganado puede pastar donde le plazca o desbandarse en el momento que guste, pero el que vive la vidaintrépida no sentirá miedo cuando se encuentre solo.

  • Madre Teresa de Calcuta (religiosa hindú, 1910-1997)

    28 de Septiembre del 2011

    La vida

    La vida es una oportunidad, aprovéchala. La vida es belleza, admírala. La vida es beatitud, saboréala. La vida es sueño, hazlo realidad. La vida es un reto, afróntalo. La vida es un deber, cúmplelo. La vida es un juego, juégalo. La vida es un bien precioso, cuídalo. La vida es riqueza, consérvala. La vida es amor, gózala. La vida es misterio, desvélalo. La vida es promesa, cúmplela. La vida es tristeza, supérala. La vida es un himno, cántalo. La vida es un combate, acéptalo. La vida es una tragedia, domínala. La vida es una aventura, arrástrala. La vida es felicidad, merécela. La vida es vida, defiéndela.

  • Khalil Gibrán (poeta, pintor, novelista y ensayista libanés, 1883-1931)

    26 de Septiembre del 2011

    No juzguemos a la gente, y menos sin conocerla

    Cierta vez, dos hombres iban andando por un valle, y uno de ellos, señalando con el dedo índice hacia la falda del monte, exclamó: “¿ves esa ermita? Allí mora un hombre que desde hace tiempo se separó de la humanidad. Busca a Dios, y nada en esta tierra le importa”. Y el otro contestó: “ese hombre nunca encontrará a Dios hasta que deje su ermita y la soledad de la misma, y regrese a nuestro mundo a compartir de nuestra alegría y de nuestro dolor, a danzar con nosotros en las festividades de matrimonios y a sollozar con los que sollozan al lado de los ataúdes de nuestros difuntos”. Y el otro hombre se persuadió en verdad. Sin embargo, a pesar de su persuasión, respondió: “estoy de acuerdo contigo en cuanto has dicho, pero considero que ese religioso es un hombre bueno. ¿Y no consideras que muy bien puede ser que un hombre bueno, con su alejamiento haga más bien a la humanidad que la presencia de todos esos hombres, que solamente son buenos

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