Benedicto XVI recuerda con agrado su visita a México
El Papa mencionó varios de los pasajes que vivió durante su estancia en el estado de Guanajuato.
Benedicto XVI tuvo su primera visita a México.
/Notimex Notimex
El Papa Benedicto XVI recordó hoy en un discurso de fin de año las muestras de afecto que recibió de los feligreses durante su visita a México y Cuba en marzo, al afirmar que la fe los ayudará a superar sus desafíos.
El líder católico saludó en la Sala Clementina del Palacio Apostólico de Roma a un grupo de cardenales, miembros de la Curia Romana y de la Gobernación del Estado Vaticano, ante los cuales pronunció su tradicional mensaje de Navidad.
Al pasar revista a los principales momentos de este 2012 en la Iglesia católica, destacó que su viaje a México y a Cuba le permitió vivir encuentros inolvidables, marcados por la fuerza de una fe arraigada en los corazones de los hombres.
Rememoró su llegada a tierras mexicanas cuando filas interminables de personas se agolpaban al borde del largo trecho que se debía recorrer para saludarlo agitando pañuelos y banderas.
Además recordó cómo durante el trayecto hacia Guanajuato, “la pintoresca capital del homónimo Estado”, había jóvenes a los lados de la carretera devotamente arrodillados para recibir la bendición del sucesor de Pedro.
Y destacó la liturgia en las cercanías de la estatua de Cristo Rey de Silao, la cual sostuvo- se convirtió en un acto que “hacía presente la realeza de Cristo, su paz, su justicia, su verdad”.
Joseph Ratzinger también se refirió a su paso por Cuba, donde también hubo grandes liturgias en cuyos cantos, oraciones y silencios se podía percibir la presencia de Cristo, al que durante mucho tiempo se había querido negar cabida en la isla.
“La búsqueda en este país de un justo planteamiento de la relación entre vinculaciones y libertad, ciertamente no puede tener éxito sin una referencia a esos criterios de fondo que se han manifestado a la humanidad en el encuentro con Jesucristo”, apuntó.
A lo largo del mensaje Benedicto XVI reconoció que el año que termina se ha caracterizado en la Iglesia y en el mundo por muchas situaciones difíciles, de grandes cuestiones y desafíos, pero también de signos de esperanza.
Entre otras cosas subrayó su visita a Milán para el Encuentro Mundial de las Familias así como su viaje apostólico al Líbano, donde entregó un documento que deberá constituir en la vida de la Iglesia y de la sociedad en Medio Oriente una orientación sobre los difíciles caminos de la unidad y de la paz.
Señaló la importancia del Sínodo de los Obispos, la cumbre episcopal celebrada en octubre sobre el tema de la “nueva evangelización”, y la apertura del Año de la Fe, el especial periodo dedicado a promover un nuevo despertar de los católicos en el mundo.
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