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Enrique Ordóñez
Gente Ejemplar
12 de Diciembre del 2019 por Verónica Vega / Foto: Enrique Ordóñez

Conoce a la familia Ramírez y cómo transforman una roca volcánica en molcajetes

 
Una de las familias más antiguas en esta práctica. 
 
Desde hace un siglo, la familia de origen otomí, Ramírez de Jesús, se ha dedicado a la creación de molcajetes a base de enormes rocas volcánicas, las cuales son traídas con un camión desde una cantera. 
 
Enrique Ordóñez
Esta práctica consiste en tallar las piedras, ya sea blancas o negras, hasta darles forma de este instrumento de la cocina tradicional mexicana. Actualmente, en Cuexcontitlán, Toluca, sólo quedan un par de familias que realizan esta labor. 
 
Estuvimos en el hogar de los Ramírez y platicamos con Abel, quien nos mostró el proceso para hacer un molcajete:
 
Enrique Ordóñez
 
- ¿Cómo aprendieron a hacer los molcajetes?
“Mis antepasados siempre se han dedicado a hacer molcajetes y metates; yo comencé a los 9 años. Cuando regresaba de la escuela, tallaba los tejolotes, que son las bolitas con las que se muele dentro del molcajete, es lo primero que te enseñan a hacer; ya después aprendí a hacer los molcajetes con los pies descalzos, como es la tradición”.
 
-¿Por qué con los pies descalzos?
“Como te digo, así es la tradición, pues se agarran mejor las piedras y no ensucias los zapatos con el polvo que desprenden”.
 
Enrique Ordóñez
 
-¿De dónde sacan las piedras?
“Las trae un camión desde una cantera y nos cuesta mil 800 pesos cada cargamento de rocas; aunque la verdad, antes teníamos mayores ganancias porque los camiones eran más baratos”.
 
-¿No se lastiman los pies con los trocitos que se desprenden de la piedra?
“No, con el paso de los años uno ya está curtido; a veces nos pica los ojos, pero ya nos acostumbramos”.
 
Enrique Ordóñez
 
-¿Todos son del mismo tamaño?
“Así es. De una piedra pueden salir hasta tres molcajetes. Aquí entra el ojo de cada artesano, porque la piedra tiene hilos que nosotros vemos, y de ahí la partimos con la picadera para que no se vaya chueco y se ocupe la mayor piedra posible”.
 
-¿Qué instrumentos utilizan?
“Todo lo hacemos a mano, como antiguamente lo hacían mis abuelos, no tenemos máquinas ni nada: tomamos la
piedra, vemos el hilo y la partimos con el mazo; acomodamos la piedra entre los pies descalzos y comenzamos a darle la forma deseada. Algunos son lisos y otros tienen una cabeza de cerditos de un lado”.
 
Enrique Ordóñez
 
-¿Cuántos molcajetes se hacen en un día?
“Cada quien tiene un ritmo de trabajo diferente; no se hacen la misma cantidad de molcajetes todos los días, sin embargo, en un día de trabajo normal yo alcanzo a hacer hasta seis; a veces hago menos, pero me gusta hacer la mayor cantidad posible”.
 
-¿Hasta cuándo piensan seguir con la tradición?
“Seguiremos hasta donde podamos, pues no sabemos si nuestros hijos quieran continuar la tradición, pues nos han dicho que quieren estudiar; así que lo haremos hasta donde aguantemos, si no, ya pasaremos a la historia como una de las últimas familias fabricantes de molcajetes”.
 
Enrique Ordóñez
 
-¿Es verdad que se debe curar un molcajete para poder usarlo?
“Sí, hay que curarlos con un poco de maíz o arroz, los cuales se ponen dentro y se muelen por lo menos tres veces hasta que el molcajete ya no suelte piedritas. Curarlo es limpiarlo de las impurezas de la tierra para que los alimentos que se preparen ahí, no se contaminen”.
 
-También hacen metates, ¿cierto?
“Sí los hacemos, pero sólo si nos los encargan, porque ésos no se venden con la misma facilidad que los molcajetes”, finalizó.
 
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