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Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
Vicente Fernández
12 de Diciembre del 2021 por Jorge Bustamante / Foto: TV Notas

Vicente Fernández: alcanzar el éxito no fue fácil, así se convirtió en un ídolo

En su juventud, Vicente trabajó duro para que su voz fuera escuchada y así fue como lo logró.
Durante su juventud, las ganas de triunfar De Vicente Fernández, lo llevaron a tocar miles de puertas para que su voz fuera escuchada; comenzó a cantar en bodas y formó parte de varios mariachis, sin importarle ganar lo mínimo y tener que vender lechuguillas de agave para comer.
 
 
En medio de una juventud marcada por carencias económicas, las ganas de triunfar llevaron a Vicente Fernández a hacer hasta lo imposible para que su voz fuera escuchada en todos los rincones de su natal Guadalajara y posteriormente en la CDMX, donde él sabía que podía despegar su carrera artística; sin embargo, obtener reconocimiento no le fue fácil, ya que se topó con varias puertas cerradas, mismas que se fueron abriendo gracias a su perseverancia y, a sus 30 años, ya estaba cosechando éxitos. 
 
Impulsado por su pasión por la música, el joven charro comenzó a cantar en restaurantes y bodas, actividad con la que sacaba algo de dinero, sin embargo, ante la mala situación económica que atravesaba, también vendía lechuguillas de agave hechas en casa y con eso acompletaba para comer. Pero no todo fueron carencias, pues en esa época conoció al gran amor de su vida: María del Refugio Abarca Villaseñor, Cuquita, quien era su vecina en Guadalajara. 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
A sus 20 años, en 1960, dio el primer gran paso en su camino a la fama cuando se presentó con éxito en un programa de televisión llamado La calandria musical que se transmitía desde la ciudad de Guadalajara. Poco después llegó a la Ciudad de México para probar suerte y mientras buscaba oportunidades, se incorporó como mariachi a la plantilla del restaurante El Amanecer Tapatío. 
 
Unos años después, ya comenzaba a tener éxito cantando con mariachis, sin embargo, en esa época se enfrentó a uno de los golpes más fuertes, pues a principios de 1963, cuando tenía 23 años, perdió a su madre, doña Paula Gómez (q.e.p.d.), quien falleció víctima del cáncer a los 47. 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
Pero ese año no todo fue doloroso, pues meses después de vivir esta dura pérdida, Vicente cumplió su sueño de formar una bella familia y el 27 de diciembre de 1963 se casó doña Cuquita. Recién casado comenzó a trabajar en el cabaré El Sarape, donde consiguió un sueldo como cantante. En 1964, a los 24 años, se integró a algunos de los mariachis más conocidos de México, como El Mariachi Amanecer de Pepe Mendoza y El Mariachi de José Luis Aguilar (Felipe Arriaga), en donde no ganaba un buen sueldo, pero por perseguir sus sueños, todo valía la pena, él hacía su mejor esfuerzo sin importar tantos desvelos e incluso mal comer. 
 
A sus 25 años, en 1965, Vicente comenzó a tocar puertas en diferentes disqueras de la Ciudad de México, pero tristemente siempre era rechazado porque no era un cantante conocido y le decían que sus canciones no llamaban la atención. Sin embargo, por azares del destino, logró ingresar a la XEX-AM, que era la estación número uno de México, y gracias a ello pudo llegar a audiencias más grandes y empezar a construir fama local; esta oportunidad le abrió paso para presentarse en el Teatro Blanquita de la Ciudad de México. 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
Tras muchos años de trabajar muy duro, las cosas empezaron a cambiar para El Charro de Huentitán, y es que cuando tenía 26 años, en 1966, tras la muerte de Javier Solís, quien en ese tiempo era el cantante de bolero ranchero más popular de México, pareció que éste le cedió la estafeta, ya que muchas de las compañías discográficas que lo habían rechazado de pronto lo empezaron a llamar y en ese año firmó su primer contrato a nivel profesional con la disquera CBS México (hoy Sony Music), con la que grabó sus primeros éxitos: “Perdóname”, “Cantina de barrio” y “Tu camino y el mío”. 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
Un año después comenzó a trabajar en Televisa, donde conoció a Raúl Velasco y de ahí su fama subió como la espuma. Al llegarle su momento de gloria, Vicente Fernández fue considerado El Cuarto Gallo de los cantantes de México, con lo cual lo ponían al nivel de otros tres que hasta esa fecha eran catalogados como los más grandes, aunque murieron jóvenes: Jorge Negrete, a los 42 en 1953, Pedro Infante a los 39 en 1957, y Javier Solís, a los 35 en 1966. 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
Gracias al cariño que la gente comenzó a tenerle, a los 31 años le ofrecieron hacer películas, y aunque se negó porque decía que no sabía actuar, los productores lo convencieron diciéndole que sólo tenía que ser él mismo y así, en 1971, debutó con la película Uno y medio contra el mundo; más tarde hizo muchas otras, donde además llegó a ser director asistente. 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
Un año después llegó a su vida el tema que lo catapultó a la fama internacional: “Volver, volver”, compuesto por Fernando Z. Maldonado, la cual describe a un macho que acepta su culpabilidad en una relación sentimental.
Ésta es una de las canciones rancheras más conocidas fuera de México y rompió récords de ventas en Hispanoamérica, España y Estados Unidos. Así empezó su inolvidable e impresionante lista de éxitos con álbumes como La voz que usted esperaba (1968), Arriba Huentitán (1972) y El ídolo de México (1973). 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
Sin duda alguna, a sus 35 años, ya era el nuevo rey de la música ranchera y en medio de tanto éxito, era feliz con doña Cuquita, con quien ya tenía tres hijos: Vicente, Gerardo y Alejandro, a quienes les inculcó el gusto por la música. Años más tarde adoptó a su hija Alejandra. 
 
Vicente Fernández: así se convirtió en un ídolo
 
De sus hijos destaca una anécdota ocurrida en 1975, cuando al más pequeño de sus potrillos, Alejandro, entonces de 4 años, lo subió a cantar con él en una presentación. 
 
En 1977 recibió en Brownsville, Texas, la distinción de Mister Amigo, que se concede a mexicanos prominentes. Hacia la década de los 80, reimpulsó su carrera en Colombia. También ese año construyó un rancho de 500 hectáreas cerca de Guadalajara, llamado Los 3 Potrillos, en honor a sus hijos.