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Vicente Fernández.
Vicente Fernández
12 de Diciembre del 2021 por Laura Luz Palmer / @TVNotasmx / Foto: Archivo TVNotas

Vicente Fernández también fue presa del escándalo

Ya siendo un hombre maduro, el famoso charro no dejó de cosechar éxitos tanto en lo profesional como en lo personal; sin embargo, esta etapa de su vida también estuvo marcada por la desgracia.
Llegando a sus 40 años y ya consolidado como un ídolo, El Charro de Huentitán se estableció en su rancho Los 3 Potrillos al lado de su inseparable doña Cuquita, y fue en esta etapa cuando sus hijos comenzaron a volar con sus propias alas, incluso dos de ellos siguieron los pasos de su papá en la música. El intérprete también vio crecer a su familia con los nacimientos de sus nietos y siguió cosechando éxitos; sin embargo, en esos años no todo fue miel sobre hojuelas.
 
 
Ya siendo un hombre maduro, Vicente siguió cosechando éxitos y alegrías no sólo en lo profesional, sino también en lo personal, y es que a sus 42 años, en 1982, vio crecer su familia con la llegada de Alejandra, la niña de sus ojos. La pequeña era sobrina de Cuquita, hija de su hermana Gloria, quien tras un matrimonio fallido llegó con su bebé a vivir al rancho de los Fernández. Muy pronto, toda la familia se encariñó con la nena, sin embargo, tiempo después Gloria decidió que ambas se fueran a vivir por su cuenta y cuando eso ocurrió, la niña desarrolló problemas de lenguaje, pues tartamudeaba debido al estrés que le provocó separarse de la familia a la que ya se había acostumbrado. Finalmente, Gloria decidió que lo mejor para Alejandra era quedarse a vivir con los Fernández y así Vicente y Cuquita la registraron como su hija.
 
Además de cantar, otra gran pasión de don Vicente fueron los caballos, por lo que dedicó su tiempo libre a la crianza de ejemplares miniatura, que miden menos de 86 centímetros de alto; esta actividad se convirtió en un hobby familiar, pues era algo que compartía con sus tres potrillos. En las 500 hectáreas que comprende su rancho, logró tener más de 400 ejemplares.
 
Archivo TVNotas.
 
Sin embargo, este rancho no sólo era su hogar, sino que también lo adecuó para que se volviera un lugar turístico que muchas familias pudieran visitar e incluso un espacio para encontrarse con sus fans, con quienes se llegaba a tomar fotos en agradecimiento al eterno cariño que le tenían.
 
En lo profesional, en sus años de madurez lanzó discos como De qué manera te olvido (1980), De un rancho a otro (1985), Por tu maldito amor (1989) y Lástima que seas ajena (1993); además, hizo películas como Juan Charrasqueado y Gabino Barrera, su verdadera historia (1981), El sinvergüenza (1983) y El cuatrero (1987).
 
Sin duda, don Vicente tenía talento de sobra para heredar y le dio la patadita de la buena suerte a su hijo Alejandro, a quien impulsó llevándolo con él a algunas presentaciones para que luciera su gran voz. En 1991 padre e hijo compartieron créditos en la película Mi querido viejo y de ahí en adelante El Potrillo comenzó a ganarse su propia fama.
 
Pero en la década de los 90, el intérprete de “Mujeres divinas” también se vio envuelto en un escándalo, ya que tuvo uno que otro desliz en su haber, entonces corrió como pólvora el rumor de que tenía un tórrido romance con la actriz Patricia Rivera, del cual nació Rodrigo, a quien él reconoció como su hijo y le dio su apellido. Evidentemente, tras este episodio tuvo que hablar con doña Cuquita, quien le perdonó la infidelidad. Al llegar a sus 51 años, don Vicente comenzó a ver crecer su familia, ya que sus hijos lo convirtieron en abuelo. Vicente jr. se casó por primera vez en 1991 con Sissi Penichet y de esa relación nacieron Sissi, Fernanda, Vicente y Ramón. Por su parte, Alejandro se casó en 1992 con América Guinart y fruto de su amor procrearon a Alejandro, América y Camila.
 
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Uno de los golpes más fuertes para El Charro de Huentitán lo vivió a sus 58 años, en 1998, pues un día, justo antes de subir al escenario, recibió una llamada a través de la que le informaron que Vicente jr. estaba secuestrado. A pesar de la angustia, su profesionalismo lo llevó a continuar con su presentación y a no dar aviso de la situación para no poner en peligro la vida de su hijo. Esta tragedia le dio un vuelco terrible a toda la familia Fernández, pues vivieron cuatro meses de angustia y sin dar detalles a los medios, mientras Vicente jr. estuvo privado de su libertad. Finalmente, tras negociaciones y un pago de 2.5 millones de dólares, Vicentillo fue liberado.
 
Tras el secuestro de su primogénito, Chente quiso asegurar a todos sus hijos; para esto debía realizarles pruebas de paternidad y así descubrió que Rodrigo en realidad no era su hijo, sin embargo, aún así lo mantuvo hasta su mayoría de edad y le dejó su apellido. Un par de años después de este trago amargo, Vicente jr. también probó las mieles de los escenarios y su papá se encargó de encaminarlo para que encontrara su propia identidad musical; Vicentillo debutó con el disco El mayor de los potrillos (2000).
 
Ya para sus 62 años, su salud se empezó a deteriorar, pues lamentablemente en 2002 le diagnosticaron cáncer de próstata, mismo que logró vencer, y aseguró: “El cáncer es como una gripe: si te agarra débil, no la haces; pero yo siempre he sido un hombre de mucha fortaleza”.
 
Llegando a la vejez, su familia cambió con los divorcios y de sus hijos y los nacimientos de nuevos nietos. Uno de los eventos más destacados en esta etapa fue en 2007, cuando la familia se reunió en la segunda boda de Vicente jr., esa vez con la periodista Mara Patricia Castañeda, con quien duró ocho años. Aunque parecía que nada frenaba su devoto amor por la música, el retiro de don Chente ya estaba cerca.
 
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