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José José, una vida de excesos y enseñanzas
Espectáculos México
26 de Septiembre del 2020 por @TVNotasmx / Foto: Instagram
José José, una vida de excesos y enseñanzas

José José estuvo en la cima, sin embargo siempre batalló con la parranda.

Después de grabar un disco que no trascendió, José José siguió tocando puertas, ahora con sus amigos Gilberto Sánchez y Enrique Herrera, con quienes formó Los PEG, un trío musical donde él tocaba el bajo. Fueron años difíciles; regresó a cantar en clubes, fiestas, cafés, cualquier lugar que le hiciera un espacio. 
 
Con el poco dinero que tenía, José abrió un pequeño restaurante al lado de su madre, donde trabajaba de lunes a sábado. Él mismo recordó esos tiempos: “Debía mucho dinero, trabajábamos de sol a sol; tenía que pagar la letra de un cochecito... les debía dinero a todos”. 
Pero como dicen, Dios aprieta pero no ahorca, y en 1967 una disquera volvió a firmarlo para que grabara un disco. “La nave del olvido” fue su primer éxito como José José, como ya era conocido; sin embargo, la fama y la gloria estaban a punto de llegar a su vida. 
 
En marzo de 1970 tuvo la mayor oportunidad de su vida cuando cantó “El triste” en El Segundo Festival de la Canción Latina y quedó en tercer lugar, pero se ganó al pueblo mexicano en una sola noche. Después de esa interpretación, José José pasó de la colonia Clavería a vivir en San Ángel, tener una casa de dos pisos y poder darles todas las comodidades a su madre y hermano, quienes aún dependían de él. Pero junto con la gloria vino su más grande tormento: el alcoholismo. 
 
El cantante estaba en la cima del éxito, pero mientras más subía su fama, la persona detrás del multipremiado artista más se hundía en el exceso. La década de los 70 fue la más prolífera en su carrera, pero justo ahí fue cuando por culpa del alcohol cae por primera vez en un centro de rehabilitación, lugar al que su propia madre decidió llevarlo: “Ella estaba muy preocupada por mí, por eso decidí hacerle caso; yo también quería estar bien, no podía tirar por la borda todo el esfuerzo que habíamos hecho juntos”. 
 
El ascenso del príncipe y su caída.
El ascenso del príncipe y su caída.
 
 
Un año después y ya recuperado, El Príncipe reclamó su trono con más fuerza que nunca, pero el gusto le duró muy poco, pues cuando estaba en su mejor momento conoció el amor, de la mano de una mujer que lo elevó a lo más alto de la socialité, pero que lo llevó hasta el fondo del alcoholismo: Natalia Kiki Herrera, quien era 20 años mayor que él. 
 
La batalla con sus adicciones apenas comenzaba, y así recibió el primer golpe que el alcohol le daría y quizás el más grande: la muerte de su amigo y primer representante, Raúl Ortiz, el Chumo, en un accidente automovilístico. Chumo fue compañero de José en su carrera y también de enfermedad, pues al igual que el cantante, padecía en silencio el calvario del alcoholismo. José nunca dejó de sentirse culpable de esta tragedia, pues en alguna ocasión él mismo animó a su amigo a beber; sin embargo, lo llevó siempre en su corazón y en algunas de sus presentaciones llegó a homenajearlo: “Él llegó a mi vida con un amor de hermano incondicional... fue un ser fuera de serie, sólo Dios sabe por qué lo llamó a su lado”. 
 
Su vida amorosa no fue tan exitosa como su carrera, su matrimonio con Kiki sólo duró dos años (1971- 1973), los menos productivos musicalmente hablando, pero sí  los más prolíferos en relaciones públicas. Gracias a ella, José José se dio a conocer a nivel mundial y sus canciones fueron grabadas en portugués, inglés y francés. Pero también fue por ella que pisó varias veces los hospitales.
 
El ascenso del príncipe y su caída.
 
El ascenso del príncipe y su caída.
 
Justo en medio de las fiestas y los desvelos fue donde se reencontró con Anel Noreña, quien
iniciaba en el medio artístico y que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes amores de José. Después de una relación intermitente con Anel, en 1975, José recibe una de las mayores bendiciones de su vida: la noticia de que sería padre por primera vez, meses después llegó al mundo José Joel, y siete años más tarde su segunda hija, Marysol. Esta última con torta bajo el brazo, pues ese mismo año retomó su carrera. 
 
En la vida de El Príncipe los éxitos y los vicios iban casi siempre de la mano y aunque con su disco Reencuentro resurgió el cantante, también volvió a aparecer el hombre frágil que no podía controlar su manera de beber: “Haber enfermado de alcoholismo es lo más difícil que he enfrentado; afectó mi vida personal y profesional”, llegó a confesar en varias ocasiones.
 
A inicios de los 80, El Príncipe regresó al estudio y recorrió el mundo por todo un año, así lo recuerda su hijo: “Mi papá se iba por semanas y cuando regresaba eran días completos de fiestas. No íbamos a la escuela y estábamos todo el tiempo con él; luego se iba otra vez. Nunca se lo reproché porque entendía quién era, pero esa no era una vida normal”. 
 
El ascenso del príncipe y su caída.
 
Pero la excesiva carga de trabajo y el alcohol comenzaron a desgastarlo. Pocos sabían del infierno que vivía, por una parte se destruía con el alcohol y por otra con un matrimonio que ya no daba para más, por eso aunque seguía siendo el número uno, lo único que lo mantenía de pie era la droga y la bebida: “No podía fallarle a la gente, pero no me di cuenta de que todo me estaba rebasando”, lo peor de todo es que el desgaste en su voz ya empezaba a notarse. 
 
Ya era normal que el intérprete desapareciera por días, sin que nadie supiera nada de él. En una ocasión sus amigos, el periodista Ricardo Rocha y la productora Tina Galindo, lo encontraron tirado en la zona de Tulyehualco y al verlo en ese estado decidieron actuar; para salvar su vida se lo llevaron a un hospital de Houston, donde lo internaron para que iniciara su recuperación: “Mi vida corría peligro, vivía en una fase terminal de alcoholismo, pedía a gritos ayuda, por eso accedí a internarme en ese lugar y estuve ahí más de 40 días recluido”. 
 
Totalmente sobrio y con la promesa de que jamás volvería a tomar ni una sola gota de alcohol, José José rehizo su vida; en 1994 conoció a la mujer que lo acompañaría hasta sus últimos días, Sara Salazar. Se enamoró de inmediato de ella y en 1995 se casaron en Miami. Meses después tuvo a su última hija, Sarita. Parecía que por fin su vida había recuperado la estabilidad; José no sólo estaba feliz, sino que presumía tenerlo absolutamente todo. 
 
El ascenso del príncipe y su caída.
 
Para sus últimos años de carrera lanzó un par de discos que, aunque fueron bien recibidos por el público que tanto amor le había dado, no fueron del todo exitosos: “Mi voz ya estaba muy dañada, pero siempre estaré muy agradecido con el público, porque a pesar de todo nunca me dejó”, finalizó.