El oscuro final del “Popeye ruso”: podría perder ambos brazos tras años de inyectarse vaselina
El “Popeye ruso” enfrenta el peor desenlace: infecciones avanzadas, necrosis y riesgo de amputación total tras años de inyectarse vaselina y synthol para deformar sus bíceps.
¿Quién es el “Popeye ruso”?
/IG: @kirilltereshin96
Esta semana trascendió la lamentable muerte de la influencer, cantante y presentadora de televisión Xiomara Calderón Santiago, conocida como “La golda”. Medios internacionales señalan que habría sufrido complicaciones tras una cirugía estética reciente. Ahora es el influencer Kirill Tereshin, el polémico “Popeye ruso” quién está al borde de perder sus brazos por una infección devastadora causada por las inyecciones que lo hicieron viral. ¿Cómo llegó a este extremo? Aquí te contamos todos los detalles.
¿Quién es el “Popeye ruso” y cómo empezó la peligrosa transformación de sus bíceps?
Kirill Tereshin saltó al radar mediático en 2017, cuando comenzó a publicar fotos y videos donde presumía brazos desproporcionados gracias a las inyecciones de synthol, una mezcla de aceite, analgésicos y alcohol usada por ciertos culturistas para aumentar visualmente el tamaño del músculo sin obtener fuerza real.
Lo que lo hizo todavía más polémico es que, según reportes rusos, no se quedó solo con synthol: también utilizó vaselina, una sustancia totalmente inapropiada para el uso subcutáneo y mucho menos para fines estéticos.
Su transformación física le ganó el apodo de “Popeye ruso”, pues sus brazos alcanzaron diámetros de más de 24 pulgadas, generando tanto fascinación como preocupación. Millones de personas en redes sociales siguieron su evolución, y medios internacionales lo convirtieron en un fenómeno viral que alimentó debates sobre el impacto de las redes sociales, los extremos del culturismo y la obsesiva búsqueda de reconocimiento visual.
Sin embargo, mientras las vistas y los seguidores aumentaban, su salud comenzaba a hundirse silenciosamente: su cuerpo rechazaba las sustancias que él mismo se había introducido.
¿Qué pasó con las inyecciones de synthol y vaselina que le destruyeron los brazos al “Popeye ruso”?
El declive físico de Tereshin fue tan acelerado como dramático. Los primeros problemas aparecieron cuando su cuerpo empezó a desarrollar fibrosis tisular, un endurecimiento anormal del músculo provocado por la presencia de químicos ajenos.
Después llegó lo peor: necrosis, es decir, la muerte del tejido muscular.
Esto no solo significaba la destrucción progresiva de sus bíceps, sino también la aparición de infecciones recurrentes, cada vez más difíciles de tratar.
De acuerdo con reportes recogidos en medios internacionales, entre ellos The New York Post, Tereshin comenzó a mostrar cavidades abiertas en los brazos donde el tejido literalmente se pudría. Al compartir imágenes de cómo sus bíceps parecían “reventar”, quedó claro que el proceso infeccioso estaba fuera de control.
Los médicos explicaron que cuando la necrosis avanza a ese punto, el riesgo principal es que las bacterias entren al torrente sanguíneo y causen sepsis, una condición potencialmente mortal.
Además, advirtieron que la presencia de vaselina y synthol impide que las heridas cierren correctamente, generando un ambiente perfecto para la proliferación de bacterias resistentes. En otras palabras: la mezcla era una bomba de tiempo.
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¿Por qué los médicos consideran la amputación como única alternativa para salvarle la vida?
Actualmente, el diagnóstico que enfrenta Tereshin es crítico. Las infecciones están tan avanzadas que los especialistas consideran que, si no logran detener su expansión, la amputación de ambos brazos será la única vía para salvar su vida.
Para intentar rescatar las extremidades, los cirujanos plantearon un plan complejo que incluye:
- Retirar grandes cantidades de tejido muerto.
- Realizar injertos de piel extensos.
- Intervenir con un equipo multidisciplinario de cirujanos plásticos, reconstructivos y vasculares.
- Controlar primero la infección, algo que hoy parece sumamente difícil.
No obstante, ninguna cirugía mayor es viable mientras exista infección activa.
El margen de tiempo es mínimo, y la propagación bacteriana podría superar rápidamente la capacidad del cuerpo para reaccionar.
Ya en 2019, Tereshin había sido sometido a su primera intervención para remover parte del material tóxico acumulado. Entonces, los médicos le advirtieron del riesgo mortal que corría si no detenía las inyecciones y si no atendía el daño interno. A pesar de ello, su deterioro continuó.
Hoy, con heridas que no cicatrizan, tejidos que colapsan y sustancias que su cuerpo nunca debió recibir, la opción más extrema, la amputación, dejó de ser una posibilidad remota para convertirse en una realidad inminente.
¿Qué dijo el propio “Popeye ruso” sobre su situación y qué lecciones deja su caso?
En medio del dolor y la preocupación, Tereshin ha reconocido públicamente que cometerse estas inyecciones fue un error irreversible. Él mismo declaró que fue una “estupidez”, y admitió haber ignorado todas las señales de alarma que su cuerpo le enviaba.
“Me arrepiento de haberme inyectado. Ignoré todas las señales y ahora estoy pagando las consecuencias”.
Hoy sus brazos, aquello que lo hizo viral, son también lo que podría llevarlo a uno de los desenlaces más trágicos posibles.
